Maestro Espiritual

Querido amigo: un maestro espiritual es la persona que nos enseña a encontrar la verdad. Es una puerta para aprender la ciencia del alma y despertar el amor eterno en nuestro corazón.

Lo más importante es que ese maestro espiritual sea genuino y auténtico y que tenga la disposición interna de enseñar y guiar sin esperar nada de cuantos se aproximen a él con pureza en su corazón. Y la disposición de eliminar los errores cometidos en la vida hasta ese momento y aceptar las virtudes que le lleven a uno a la perfección espiritual.

El viejo axioma místico que dice: “Cuando el alumno es preparada el maestro parece” se hace realidad siempre que el alma del buscador sea sincera y esté dispuesto a la transformación.

En nuestra tradición al maestro espiritual o asesor espiritual se le llama “guru”; palabra sánscrita que significa: gu= oscuridad y ru= quien nos saca de ella. El maestro espiritual nos dirá la verdad aunque nos duela y también hará de espejo para mostrarnos nuestra propia tiniebla, pero ante todo nos ocupará en actividades trascendentales en el servicio amoroso a Dios; la fuente de lo que todo mana.

El maestro nos muestra el sendero a la sencillez  y a limpiar nuestras imputaciones mentales; a des-identificarnos del personaje que hemos construido y encontrarnos con nuestro verdadero “yo”.

El tiene el deber de mostrarnos las técnicas de meditación, oración y trabajo que más se adecuen a nuestra persona y nos acerquen a una “comunión” plena con la divinidad, permitiéndonos entrar en familiaridad espiritual con su persona y sus actividades. Una vez que hemos hallado a un maestro espiritual genuino como es el caso de nuestro maestro, hemos dejado de luchar y de intentar llamar la atención; entrando en un proceso de madurez interna deja de haber distancia con el maestro y formamos parte de la cadena espiritual que envuelve el mundo y la protege de las tinieblas.

El maestro no es un asociación, ni un entrenador “coach” que podamos pagar o manipular. El está ahí contra viento y marea y en la medida en la que nosotros nos entreguemos en esa medida, el podrá ayudarnos a modelar un nuevo ser libre de prejuicios, de imputaciones mentales, sociales, religiosas, etc. En ese momento alcanzamos la libertad, y esa libertad nos capacita para dejar de pedir permiso a los demás para ser feliz.

Dejamos de tener picos y cambios bruscos de humor para entrar en los caminos de la serenidad, el autoconocimiento, la realización personal, la paz, y sobre todo el amor a Dios y a los demás seres que pueblan el planeta.

Solamente podemos encontrar un maestro espiritual auténtico por la infinita misericordia del señor que mirando en nuestro corazón nuestro anhelo nos concede el escalón necesario para la “ascensión” y la “reconexión” con nuestro verdadero ser interno y la sencillez de la visión superior.

Los maestros espirituales proceden normalmente de una sola tradición o sucesión discipular.  En el caso de mi maestro Carlos Herranz (ese es su nombre en Español) aunque todos le llamamos Losel (Tenzin Losel “el que enseña con mente clara”), que es el nombre que le puso su primer maestro tibetano. En el caso de nuestro maestro, él unifica en sí mismo tres corrientes espirituales diferentes ya que tuvo tres maestros espirituales de diferentes linajes, en la medida de su demanda espiritual.

El unifica en su persona la sabiduría del budismo tibetano más chamánico, a través de numerosas enseñanzas e iniciaciones de grandes lamas tibetanos de las corrientes Mahayana y tantrayana.

De la corriente India y Védica ostenta el título de Swami reconocido por diferentes maestros espirituales que yo y muchos otros hemos tenido oportunidad de conocer y orar junto a ellos en la India. Y en la tradición judeocristiana nuestro maestro ha bebido de distintas fuentes “rabinos judeo-mesiánicos”, “monjes benedictinos”, “misioneros en África”, etc.

Tras ese gran Crisol de ideas religiosas tan dispares aparentemente, nuestro maestro forjó una personalidad abierta, afable y sin dogmatismos caducos. Y en esa familiaridad que le caracteriza en amor hacia todas la s religiones, cultos y formas de ver lo divino, él optó por enseñar la vía cristiana primitiva.

Para acelerar el proceso de encontrarnos centrados en la divinidad, debemos volvernos vegetarianos estrictamente con el fin de dejar de intoxicar el cuerpo, también dejar de tener relaciones sexuales sin amor, no tomar drogas o intoxicantes. No matar ni permitir pensamientos de muerte, no robar, no mentir, ofrecer nuestra comida a Dios, dedicar tiempo a la oración, pediré a Dios cada día que nos ayude con los pormenores del sendero espiritual, para que todo lo que venga, bueno o malo nos permita avanzar en la autorrealización.

El maestro espiritual hace vibrar tu alma y la ilumina con si sabiduría, su amor, su ejemplo, su luz interior, su fortaleza y firmeza; de tal forma que el discípulo de manera natural se motiva a evolucionar y a ser mejor.

El maestro espiritual no es en sí el ser de carne y hueso que enseña, ni siquiera su mente brillante. El maestro espiritual es la luz que yace dentro del vehículo corporal.

Es Dios dentro de Él. Y como Él ha realizado a Dios dentro de Él lo refleja lo vive y lo transmite.

El maestro está aquí por amor a la humanidad, a la Tierra.

Un verdadero maestro es libre y quiere darte libertad.

Un verdadero maestro no te va a forzar a hacer algo en contra de voluntad, el solo te va aconsejar cual es el camino más adecuado para tu evolución.

Antes de que a un maestro ponga a prueba a un ser humano el estudiante debe dar permiso a este para ser examinado, apretado, exprimido, para sacar el jugo. Y cuando se dice Sí el maestro puede empezar a edificar.

Un maestro no puede hacer este trabajo sin permiso, porque la persona que entra en esta corriente va a ser dada la vuelta completamente como un calcetín, va a ser chamuscado hasta las ascuas, va a ser sometido al crisol que separa al cobre del oro.

Y un maestro no puede hacer esto sin un si, el discípulo debe de estar de mutuo acuerdo con su maestro para permitirle friccionar.

El discípulo en cada estación del camino tiene una lección querer continuar o no querer continuar.

El maestro está allí para abrir tu corazón, para destruirte y entregarte a los leones del amor.

Aquellas personas que quieran encontrar el camino a Dios, encontrarán el camino a Dios porque Dios quiere que ellos encuentren el camino. Incluso si esto no es aparente al principio Dios les dará pistas, hablará a sus corazones.

El papel de un maestro espiritual no es tanto transmitir un conocimiento o comprensión, sino despertar en el estudiante el reconocimiento de su naturaleza propia pre-existente.

El maestro se encarga de despertar el alma dormida del discípulo para que pueda manifestar sus capacidades. Cuando un maestro acepta un discípulo acepta a esa persona como una parte de sí mismo, si el discípulo es imperfecto, el maestro permanece también imperfecto.

La perfección del maestro está en la perfección del discípulo.

El deber principal del maestro espiritual, es hacer sentir a sus discípulos que sin amor, sin verdad, sin Dios y sin luz la vida no tiene ni sentido, ni fruto. Así como necesitamos profesores en las universidades, en los colegios que nos enseñen de los más básico hasta lo más sofisticado en el plano espiritual esta el guru ( figura que antes poseía el director espiritual en la sociedad occidental pero que las religiones occidentales modernas han perdido).

Cuando el discípulo y el maestro siente una gran conexión del uno con el otro, significa que la iniciación está muy cerca. El gurú hace una promesa solemne al buscador y a Dios que hará que lo mejor para ayudar al discípulo en su vida espiritual y se compromete en cuerpo y alma para llevarlo a las estaciones más elevadas y a la cercanía de Dios.

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